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Lipofilling facial

El trasplante de tejido adiposo a la cara (lipofilling facial) fue la primer aplicación que dió buenos resultados tras los trabajos de Coleman. Coleman describió una técnica para conseguir que la rebasoción del tejido adiposo tras ser trasplantado fuera menor. Estandarizó los pasos a dar desde la obtención hasta la infiltración. Actualmente es la técnica más utilizada, aunque hay variantes en función de diversas modificaciones encaminadas a aumentar aun más la viabilidad del tejido adiposo. Hay que tener en cuenta en cualquier caso que la cara está muy bien vascularizada, de forma que los injertos pueden sobrevivir mucho mejor que en cualquier otra zona, y los volúmenes inyectados además no son grandes, con lo que la zona donante no queda saturada (a mayor volumen inyectado más posibilidad de que se produzca cierta pérdida de injerto).

La primera indicación en la que se ha usado el lipofilling es en el tratamiento de la lipodistrofia por retrovirales. La medicación usada para el tratamiento de
la infección por VIH podía producir una redistribución de la grasa corporal, caracterizada por pérdida de la misma en cabeza y extremidades y con acúmulo en zonas centrales. El lipofilling es una magnífica técnica para restaurar los contornos faciales. Podemos reconstruir los volúmenes perdidos y eliminar el aspecto esqueletonizado de la cara.

Dados los buenos resultados en esta afección se empezó a usar en tratamiento de malformaciones congénitas, atrofias faciales post quirúrgicas y enfermedades como enfermedad de Romberg, etc. El lipofilling ha desplazado el uso de técnicas más complejas como el relleno con colgajos microvasculares.

La última aplicación es para el envejecimiento. Sabemos que en el transcurso de lo años la cara pierde volumen. Se produce atrofia de algunos de los paquetes adiposos que son responsables de los contornos y otros se desplazan. Esta evolución se ve perfectamente comparando cualquiera de nuestras fotos desde nuestra infancia hasta ahora. El lipofilling pretende restaurar el contenido original de estos paquetes grasos, especialmente en la zona de los pómulos. Pero también lo podemos usar para mejorar el contorno de la mandíbula o rellenar el área temporal. Por orto lado el tejido adiposo inyectado mejora la calidad de la piel, posiblemente debido a su contenido en células madres (que en condiciones de falta de oxígeno como la que se produce en el tejido que recibe el tejido adiposo se convierten en capilares, arterias y venas).

La operación de lipofilling se lleva a cabo con anestesia local o anestesia local y sedación en función del volumen que tengamos que extraer e inyectar. Las zonas donantes normalmente son abdomen o cartucheras, por su fácil acceso. La grasa se obtiene con aspiración a baja presión, se centrifuga para separar la parte más sana del tejido, el cual se inyecta en la cara con cánulas atraumáticas. Puede asociarse a procedimientos como la blefaroplastia o el lifting facial.

Tras la infiltración la cara se hinchará y habrá unos hematomas, que s eresuelven entre 7 y 15 dias en función de la persona. Es extremadamente infrecuente que queden irregularidades aunque a veces hay que retocar la zona al cabo de los 4-6 meses si hace falta más volumen o hay que procurar más simetría.

El tejido adiposo no se absorbe. Las células injertadas viven en el tejido donde se han implantado y como cualquier otra célula grasa puede aumentar o disminuir su tamaño. Precisamente ya no realizamos sobrecorrección en el primer tratamiento ya que corremos el peligro de crear un exceso de volumen (“síndrome del Hamster”).

La gran ventaja del tejido adiposo es su ubicuidad, de fácil obtención y que no produce ninguna reacción alérgica o de rechazo.