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La cirugía de la nariz (rinoplastia) es una de las operaciones
de estética más frecuentes.
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Con ella se consigue cambiar el aspecto, estructura o función de
la nariz, aumentando su tamaño, variando su forma o ajustando el ángulo
entre ella y el labio superior. Puede ayudar a corregir defectos de
nacimiento, lesiones nasales y algunos problemas respiratorios.
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No existe un tipo universal de rinoplastia. Este tipo de cirugía
se diseña de forma completamente personalizada, según de las necesidades
y características particulares de cada persona.
En qué consiste la técnica
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El objetivo de la rinoplastia es mejorar el aspecto de la nariz
al mismo tiempo que se mantiene o mejora su función respiratoria.
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La cirugía se lleva a cabo a través de unos pequeños cortes,
dentro de la nariz, con los que se puede conseguir:
- Estrechar
la punta eliminando parte de los cartílagos alares
- Reducir
el dorso haciéndolo recto
- Estrechar
la nariz
- Hacer que
la punta sea algo más respingona. También podemos hacer las puntas más
estrechas o más redondas, según el caso
- Colocar
injertos de cartílago para rellenar o mejorar la proyección en diferentes
zonas de la nariz
- Corregir
las desviaciones de tabique.
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Sólo en algunos casos de nariz con forma compleja, punta ancha o
en reintervenciones se realiza la llamada rinoplastia abierta, en la que
se practica un pequeño corte en la columela (el puente de piel entre el
labio y la punta nasal que separa las dos ventanas nasales).
Postoperatorio y recuperación
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Tras la operación se coloca un yeso que protege la nariz y
mantiene su forma, así como unos pequeños tapones.
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No es una cirugía dolorosa. Al día siguiente de la intervención
se retiran los tapones, y a la semana el yeso.
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Suele aparecer una inflamación con hinchazón que dura
aproximadamente un mes. En las rinoplastias abiertas puede haber cierta
inflamación residual durante más tiempo.
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